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viernes, abril 3, 2020

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Parque Metropolitano Simón Bolívar.

Gracias a todos por madrugar hoy para acompañarme en este momento tan especial de la vida al posesionarme como la primera mujer, mujer diversa, electa como Alcaldesa Mayor en la historia de Bogotá. Gracias infinitas a mi ciudad y a sus maravillosos ciudadanos y ciudadanas por haberme confiado esta oportunidad única y maravillosa, que voy a honrar, con todo nuestro equipo de gobierno, cada día en los próximos 4 años.

Claudia López, alcaldesa de Bogotá 2020 – 2023

El pasado 27 de octubre Bogotá eligió el cambio, no sólo el cambio de gobierno, de prioridades, de estilo, de liderazgo, sino el cambio de historia. A sus 481 años de fundación, en 2019, Bogotá eligió a la hija de una maestra, a la mayor de 6 hermanos, a la niña que pudo salir adelante con el amor infinito de sus padres y su familia ampliada, a la adolescente que con disciplina y un crédito del Icetex pudo educarse, a la profesional que a punta de mérito, tenacidad y acción colectiva logró abrirse paso en la academia y el servicio público. A la primera mujer, mujer diversa, en ser electa al segundo cargo de elección popular más importante del país.

Excepto por la última frase, ese breve resumen de mi vida es el mismo que pueden contar millones de mujeres, jóvenes y familias de nuestro país, que siempre hemos sido mayoría en la vida y en la ciudadanía, pero habíamos sido minoría en el poder público y la representación política. Ese es el cambio de historia que marcó y eligió Bogotá. Es ese cambio de rumbo y protagonistas no sólo en Bogotá sino en muchas otras capitales y municipios del país lo que nos inspira la enorme ilusión y esperanza que sentimos hoy de que al fin llegó nuestro tiempo, al fin llegó nuestra oportunidad, y vamos a honrarla con pasión, transparencia, empatía y fuerza serena.

Tarde, pero al fin, Colombia avanza en la democratización incluyente que le ha sido tan esquiva, tan luchada y tan costosa. Han tenido que pasar centurias para tener elecciones más o menos pacíficas, más o menos transparentes, para que al fin converjan en coaliciones mayoritarias esas mayorías ciudadanas de familias como las nuestras, para que al fin una mujer, una ciudadana sin cuna ni apellidos sino con mérito y hecha a pulso llegue hasta aquí. Dos décadas adentro del siglo XXI parece que al fin estamos dejando el siglo XX.

A diferencia de la democratización de Colombia, que ha sido lenta, violenta y dolorosa, la de Bogotá ha sido siempre vertiginosa, audaz y generosa. Todos los matices, todos los colores, todas las posibilidades han sido bienvenidas en la democracia bogotana. Pero aún en esa Bogotá, la inclusión y representación de los jóvenes y las mujeres nos había sido muy esquiva. Este será el primer, pero no el único gobierno liderado por una mujer.

El gobierno que hoy empezamos es, por encima de todas las cosas, un gobierno de coalición ciudadana. Hoy llega la ciudadanía a la Alcaldía Mayor de Bogotá. Hoy no solo hacemos eco sino que somos parte las mayorías ciudadanas que se han tomado las calles con las demandas  y aspiraciones apenas elementales y plenamente legítimas de los jóvenes, de las mujeres, de los movimientos cívicos, de los grupos étnicos, de quienes reivindican la diversidad sexual y la igualdad no sólo ante la Ley sino ante la vida, de los movimientos ambientalistas y animalistas; de las cientos de miles de personas que han salido espontáneamente a las calles a expresarse al ritmo de las cacerolas, más allá de los partidos y caudillos políticos. Hoy llega al gobierno, esa ciudadanía.

Esta ciudad nos está hablando. Cada calle, cada plaza y cada parque habla, canta, se mueve para demandar la ciudad y el país que sueña y se merece la ciudadanía del siglo XXI. Vamos a cuidarnos entre todos. No vamos a permitir que nos roben la esperanza, no vamos a permitir que nos roben más vidas de esta nueva generación que hoy sale a la calle a pedir a gritos que no los dejemos estancados en los mismos debates y protagonistas del pasado, que les soltemos esas amarras y les demos las oportunidades y capacidades para participar en la vida pública y política, en el desarrollo económico y sostenible que demanda el siglo XXI.

No vamos a permitir, de ninguna manera, el abuso de poder de ninguna autoridad contra esa legítima expresión ciudadana. Bogotá es una ciudad que acoge, cuida y potencia a todo aquel que quiera expresarse, que quiere salir adelante. Nuestra tarea será facilitar esta expresión y la canalización de esos sueños en realidades y oportunidades, con todas las garantías y, por supuesto, tomando atenta nota de las demandas de cambio que nos competen como gobierno y administración de la ciudad.

Soy plenamente consciente de que ese anhelo de cambio es continuo y le pertenece a la ciudadanía, no a los gobiernos. Soy plenamente consciente de que gané en una ciudad, y hoy, apenas unos meses después, me posesiono en otra, y que cada día tendré el desafío de saber interpretar a mi ciudad para gobernarla bien. Tengo también la profunda convicción de que este año en Bogotá y en Colombia los ciudadanos no sólo votaron y se movilizaron por un cambio de gobierno sino sobre todo por un cambio de era.

Con razón los ciudadanos le reclaman al gobierno humildad para enmendar y liderazgo para transformar. Pero tengo la convicción de que más allá de los legítimos reclamos a los gobiernos de turno, los jóvenes en las calles nos piden a todos, con toda razón, un cambio de era, un nuevo contrato social intergeneracional, que sea a su vez un pacto definitivo por la igualdad, la transparencia, el desarrollo sostenible y la reconciliación de Colombia. 

Necesitamos canalizar y aprovechar, para el beneficio colectivo, toda esa fuerza arrolladora de los jóvenes que hoy se están expresando. La vitalidad, la alegría, la creatividad, el ingenio y la imaginación de una generación puesta al servicio de la convivencia, de la innovación, del emprendimiento, de la cultura ciudadana, de la reconciliación y del desarrollo sostenible es lo que va a desarrollar en todo su potencial a Bogotá y a su región. Ese es nuestro reto, impulsar en y desde Bogotá ese nuevo contrato social e intergeneracional que reclaman nuestros jóvenes y mayorías ciudadanas. Impulsar en y desde Bogotá un gran acuerdo nacional sobre los jóvenes. Una agenda que responda eficazmente a sus aspiraciones legítimas y apenas elementales de educación pública de calidad, de cuidado, de medio ambiente, de cómo profundizar las libertades y los derechos para cerrar las brechas de las desigualdades y exclusiones, y de cómo ejercer los deberes y la responsabilidad compartida en el espacio físico y social de lo público.

Este es el momento de construir confianza, empatía y acción colectiva para hacer de Bogotá y nuestra región un ejemplo global de reconciliación, cultura ciudadana y desarrollo humano, incluyente y sostenible. No caemos en la vanidad de creer que ese cambio y propósito apenas está empezando con nosotros, pero sí tenemos la certeza de que el punto de llegada debe ser el cumplimiento de la agenda y objetivos de desarrollo sostenible que como humanidad nos trazamos cumplir en el año 2030. Tenemos estos cuatro años de gobierno y una década de continua acción colectiva para cumplir cinco grandes metas: la primera, vivir sin miedo; la segunda, generar oportunidades, empleo y educación pertinente, gratuita y de calidad; la tercera, liberar más tiempo para la familia, la creatividad y el desarrollo, no para el trancón; la cuarta, reverdecer la ciudad para respirar, movilizarnos y vivir con calidad de vida; y la quinta, hacer de Bogotá Región el mejor hogar de los colombianos. 

Tenemos todo para lograrlo. Tenemos unos nuevas generaciones más libres y exigentes, una ciudadanía diversa y crítica, creativa y productiva, tenemos talento en todas las áreas, riqueza en toda la naturaleza, liderazgos de hombres y mujeres extraordinarias y tenemos al fin las mayorías para dirigir el rumbo y hacer realidad las aspiraciones que reclamamos en las calles. Esta es nuestra oportunidad de impulsar aquí y ahora ese nuevo contrato social e intergeneracional y hacerlo realidad en el marco de las competencias locales de una ciudad como Bogotá y de las regionales que debemos construir en primer lugar con nuestros conciudadanos de Cundinamarca y adicionalmente con los de Boyacá, Tolima y Meta con quienes hacemos parte de la región central de nuestro país.

En primer lugar, tenemos que ocuparnos de un desarrollo humano seguro y verdaderamente incluyente para los desafíos del siglo XXI.

Vamos a construir una ciudad que sea segura para todos, en donde haya prevención y sanción eficaz a las violencias basadas en género y la violencia intrafamiliar. Espacios públicos seguros y libres de riñas, alcoholismo y drogadicción. Tenemos que trabajar mancomunadamente para bajar el robo y la impunidad que hoy atormentan a nuestra ciudad.

Para lograr una ciudad sin miedo vamos a hacer de la Cultura Ciudadana el eje transversal de la seguridad y la convivencia. Doscientos años de democracia nos dieron derechos y libertades individuales que ahora tenemos que transformar en desafíos y logros colectivos, como sociedad. Tenemos mucho por aprender de nosotros mismos, de lo que hacemos y de cómo nos comportamos, y mucho por cambiar. Yo soy la primera persona dispuesta a aprender y a cambiar y, así, convocar a la construcción de una visión compartida de ciudad, convivencia y cultura ciudadana con la que desterremos de una vez y para siempre el racismo, el clasismo, el machismo y la xenofobia, a través de una pedagogía de la igualdad; sembremos en la ciudadanía una cultura ambiental y promovamos nuevas masculinidades que erradiquen el acoso callejero, el acoso en el sistema de transporte de la ciudad y la violencia de género por parte de parejas. Construyamos juntos una ciudad en la que se pueda vivir sin miedo, en paz, con justicia y seguridad; una ciudad cuidadora.

La gestión de la seguridad y convivencia basada en nuestra mutua confianza y cultura ciudadana será mi tarea directa como primera autoridad y jefe de la policía de la ciudad. Tenemos que garantizar que la formación, la operación y el control de la Policía se ajusten a los principios de los derechos humanos, la cultura ciudadana y el ejercicio legítimo de la autoridad. Necesitamos urgentemente tejer vínculos de confianza entre la ciudadanía y las autoridades; por eso vamos a trabajar de manera coordinada con el Gobierno Nacional y con las demás instituciones de seguridad y justicia, para que puedan cumplir mejor sus funciones, tener mayor bienestar y respaldo, pero también se ciñan al deber de ejercer su autoridad de manera legítima y transparente, bajo los preceptos que dicta la Constitución.

Desde hoy convoco al conjunto de jueces, fiscales, defensores y personeros para que, junto con comisarios, inspectores y demás operadores de justicia a cargo de la alcaldía, trabajemos en equipo, comprometidos con darle respuestas efectivas a las necesidades de justicia ciudadana.

Somos la capital de la reconciliación de Colombia, por eso trabajaremos por el fortalecimiento de una institucionalidad que se comprometa con las víctimas del conflicto y contribuya con el proceso de reintegración y reincorporación. Estamos comprometidos con las víctimas del conflicto por eso apoyaremos, en articulación con el Gobierno Nacional, el proceso de estabilización socioeconómica, a partir de la generación de ingresos y el acceso a una vivienda digna.

Para poder convivir sin miedo y reconciliados tenemos también que poder acceder a las oportunidades y capacidades esenciales de cuidado, salud y educación que fundamentan la verdadera inclusión en la vida.  Mientras asistimos a este acto está naciendo la generación del medio milenio. La que llega a la vida en 2020 y cumplirá 18 años en el 2038, cuando Bogotá cumpla 500 años de fundada, y llegue orgullosamente a ser una ciudad madura, de medio milenio. Nuestra mayor responsabilidad como sociedad y como gobierno será cuidar los primeros cuatro años de vida, los más importantes para su futuro bienestar, de las presentes y de esa nueva generación de niños y niñas del medio milenio. Como senadora fui la orgullosa ponente de la Ley que convirtió en política de estado garantizar a todos nuestros niños y niñas sus 8 derechos fundamentales de primera infancia. Como alcaldesa será mi obsesión que todos nuestros en efecto reciban la ruta de atención familiar, social e institucional que les hace realidad esos 8 derechos en sus primeros 5 años de vida. Que tengan el amor, el cuidado, el estímulo, la salud y educación que necesitan, que les de las bases sólidas que necesitarán para desarrollar plenamente su potencial a lo largo de la vida.

Que la educación que reciban desde la primera infancia, pasando por la básica y media hasta las diferentes formas de educación superior sean un derecho y no una lotería y que les dé efectivamente las capacidades pertinentes para la vida, la ciudadanía, la innovación y el trabajo del siglo XXI.

Para ello formularemos la Agenda Educativa 2030 y haremos la mayor inversión y apuesta social en la historia de Bogotá que tendrá como norte el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con la participación directa de los docentes. Promoveremos la transformación pedagógica en Bogotá con los maestros y maestras y trabajaremos para que ellos sean los ciudadanos más respetados y admirados de nuestra sociedad. Crearemos la Agencia de Ciencia, Innovación y Educación Superior para garantizar más de 20.000 cupos gratuitos en programas técnicos, tecnológicos y profesionales pertinentes para aprovechar las oportunidades de innovación y empleo de Bogotá y la región. No queremos más jóvenes endeudados con Icetex; no queremos más jóvenes que ni estudian ni trabajan. Vamos a garantizar educación superior gratuita con conexión a empleo. Vamos a ofrecer reentrenamiento educativo y laboral a los mayores de 45 años para que no los rechacen en el mercado laboral.

Queremos una adultez y vejez digna, autónoma e integrada a la sociedad. Lucharemos contra la exclusión relacionada con la edad. En Bogotá no puede seguir siendo una tragedia ser mayor de 45 años para educarse y emplearse. Ofreceremos opciones de educación para adultos y personas mayores para su reentrenamiento educativo y laboral. Apoyaremos los procesos de reenganche laboral. La vejez no es sinónimo de incapacidad y por eso las personas mayores no serán dejadas a un lado.

La política social de Bogotá estará orientada a superar la pobreza evidente y oculta, a combatir la feminización de esa pobreza, a eliminar las barreras que limitan la autonomía y el bienestar, y a fortalecer las capacidades que aseguren a los ciudadanos libertad individual y movilidad social.

Queremos mujeres empoderadas y autónomas. Vamos a combatir las violencias basadas en género de forma directa, constante y articulada. Implementaremos y fortaleceremos estrategias para la promoción del derecho a una vida libre de violencias, a través del empoderamiento y la autonomía económica, física y emocional de las mujeres. Implementaremos por primera vez en nuestra ciudad y en Colombia un sistema distrital de cuidado, que releve de los hombros de las mujeres la responsabilidad del cuidado de la familia, y la institucionalice y comparta con la institucionalidad pública y la privada.

La salud, como derecho habilitante, priorizará la prevención y la atención en el hogar. Seguiremos mejorando los enfoques poblacionales, de género y diferenciales para que el conjunto de políticas, servicios e inversiones sociales garanticen derechos y construyan autonomía y bienestar saludable.

Garantizar el acceso universal a la cultura, a las artes, a la recreación y al deporte será una prioridad de nuestra administración. Allí el mundo se hace inmenso y se llena de posibilidades; allí se fortalecen las capacidades y las competencias de pensamiento crítico, creativo, innovador, desafiante, individual y colectivo. Además de la red de equipamientos culturales, la comunidad será el espacio fundamental para la vivencia artística y cultural. Seremos socios en la dignificación, cualificación y formación de los agentes culturales y los artistas de la capital y apoyaremos con decisión la formación de públicos.

En el año 2038, cuando Bogotá cumpla 500 años, la generación que hoy nace será una generación de ciudadanos más libres y democráticos, más innovadores y creadores, más productivos y empáticos, y esta será una ciudad que compita entre las mejores en cultura ciudadana, innovación y desarrollo sostenible.

En tercer lugar, tenemos que ocuparnos de nuestra casa común y un desarrollo ambientalmente sostenible entender que somos una parte más de una vasta región que es una realidad en la geografía, en la ecología, en la vida y en la ciudadanía, pero a la que le falta ser también una realidad en la institucionalidad. Con humidad y generosidad debemos crear e integrarnos institucionalmente en la región metropolitana de la Sabana de Bogotá. Para que podamos tener las herramientas de ordenamiento ambiental, territorial, de transporte, servicios públicos y seguridad que necesitan nuestros ciudadanos tanto en Soacha como en Bosa, en Chía como en Suba, en la Calera como en Usaquén, para mencionar sólo algunos ejemplos. 

Esta región metropolitana tiene una de las maravillas únicas de nuestro planeta: ¡el sistema de paramos más grande del mundo! Desde Chingaza hasta Sumapaz. Gracias al cual tenemos agua que nos cae por gravedad. Si a Bogotá le tocará bombear agua 2.600 metros hacia arriba para surtir a casi 10 millones de personas simple y sencillamente no existiría. Preservar ese ecosistema de páramos, único en el mundo, con toda la estructura ecológica que se deriva del mismo, con sus cerros, sus cuencas, sus ríos, sus humedales, sus reservas es nuestra primera tarea. Y eso implica también acordar unos criterios metropolitanos de ordenamiento territorial para evitar y corregir la expansión desordenada, segregada e insostenible que tiene hoy la huella urbana y de movilidad de Bogotá y la región metropolitana.

Tenemos que reverdecer a Bogotá. Reconciliarnos entre nosotros mismos, con los animales y con las plantas, en juego está la supervivencia y la posibilidad del futuro. Hay mucho por aprender, mucho por cambiar en nuestros hábitos de vida: la forma en que producimos y consumimos, la manera en que usamos el agua y el aire, la forma en que manejamos los residuos y el modo en que escogemos y usamos los combustibles. Promoveremos el reciclaje, valorización y aprovechamiento de los residuos orgánicos e inorgánicos en todo el ciclo productivo, contribuyendo a disminuir la huella ambiental de la aglomeración urbana y humana más grande del país.

Aprender a cuidar el medio ambiente también es aprender a cuidarnos y a ejercer la ciudadanía ambiental. Tenemos que preservar la estructura ecológica urbana y rural de Bogotá, tenemos que proteger la biodiversidad, pues nos necesitamos diferentes. No se trata de una opción, es una necesidad vital. Por eso apostamos por un ordenamiento territorial incluyente y democrático que distribuya equitativamente las cargas y beneficios para contar con espacio público y equipamiento urbano de calidad, en una ciudad compacta y sin poner en riesgo el futuro. Por eso promovemos la vivienda social asequible, la movilidad multimodal, regional y limpia, basada en una red de metro y regiotrams que mejoren nuestra calidad de vida y movilidad.

Tenemos que reducir el trancón y la contaminación si queremos ser una ciudad con calidad de vida y verdadero desarrollo sostenible. Mientras que nuestra ciudad ha crecido al 4% según el último censo, los municipios más próximos de la región han crecido al 35%. En consecuencia, 2 millones de colombianos entran y salen de Bogotá a diario. La pregunta es cómo logramos que entren, salgan y circulen sin quemar gasolina y diésel que nos está matando a todos la calidad del aire, la salud, y la paciencia en el trancón infinito en todas las entradas y salidas de la ciudad. Y la respuesta es ampliando esas vías de acceso y usando la red férrea que es un patrimonio público abandonado en pasto, y la única alternativa para lograr tener una red de Regiotrams por la que puedan entrar carga y pasajeros en un modo de transporte público, masivo, limpio y sostenible, en vez de que la única alternativa sean individuales camiones y carros quemando combustible, contaminando y atascados en un trancón infinito. 

El Regiotram de Occidente desde Facatativá hasta el centro, que gracias al liderazgo de la Gobernación de Cundinamarca y la cofinanciación del Gobierno Nacional ya se contrató, el del Norte desde Zipaquirá hasta Gran Estación, y el del sur desde allí hasta Soacha, que tendremos que estructurar y contratar serán la alternativa de transporte público, masivo, limpio, multimodal y sostenible que necesitan Bogotá y la región metropolitana.

Esa red de Regiotrams se conectará e integrará al interior de Bogotá con la primera línea de metro que vamos a hacer completa desde Kennedy y Bosa hasta Suba y Engativá. ¡No vamos a permitir que Suba y Engativá queden por fuera de la primera línea de metro y sigan peor de embotelladas de lo que están hoy por 30 años más! De esa manera lograremos, otra vez tarde pero al fin, tener una red de metro y regiotrams que sean la base del sistema de transporte masivo en Bogotá, en vez de que esa base sea Transmilenio. Como en cualquier otra ciudad de escala metropolitana con más de 7 millones de habitantes, los sistemas de buses como Transmilenio y SITP, que debemos mejorar para el usuario, transitar a energías limpias y cuidar porque son un patrimonio de nuestra ciudad, deben alimentar la red de metros pesado y ligeros, en vez de tratar de reemplazarlos como base del sistema de transporte público. Así decidimos en democracia que fuera el pasado 27 de octubre y así lo haremos.

Nuestra siguiente prioridad es construir el cable de San Cristóbal, desde el Portal del 20 de julio idealmente hasta la zona de Juan Rey y La Flora entre San Cristóbal y Usme. También estructuraremos el tercer cable en Usaquén para que los ciudadanos de la zonas altas y populares de Usaquén se conecten al Regiotram del norte. En vez de un Transmilenio por la carrera Séptima nuestra alternativa será hacer de la séptima un moderno corredor ecológico. Debemos ser conscientes que en el corto plazo no tendremos metro sino más trancón por la obra de construcción del metro y que, por lo tanto, tenemos que mejorar y dignificar el transporte en Transmilenio, el SITP, las ciclorrutas y los medios alternativos de transporte.

La movilidad de Bogotá tiene una doble cara. Por un lado, somos una de las ciudades más trancadas y atrasadas en materia de metro, pero por otro lado somos un ejemplo global de movilidad alternativa, peatonal y en bici. Bogotá moviliza hoy entre el 6% y el 11% de sus viajes diarios en bicicleta, y sumados con los viajes a pie, se llega hasta cerca del 30% de viajes peatonales y en bici. Bogotá ya es un ejemplo global de movilidad alternativa. Hace más de 20 años cuando se empezaron las ciclorrutas parecía razonable que se compartiera anden con ciclorruta. El éxito en la cantidad de usuarios y viajes en estos años hacen que esa combinación sea indeseable e insostenible. Muchos andenes hoy son tan congestionados y riesgosos como una avenida. 

Por eso tenemos que pasar a otro nivel, independizar el andén de la ciclorruta y dejarlo sólo para peatones, y el ciclocarril segregado en vía solo para bicis o patinetas. Seguir ampliando la red de ciclorrutas, interconectándola mejor, y dotándola de mejor seguridad, infraestructura y servicios a los usuarios nos permitirá duplicar el número de viajes en bici, a la vez que mejoramos la seguridad y calidad de tránsito para los peatones en los andenes. Si a eso le sumamos continuar el reemplazo de la flota de Transmilenio y SITP y dar incentivos adecuados para que los vehículos particulares también hagan tránsito a energías más limpias Euro VI como gas y eléctrica podemos consolidar en una década un sistema de transporte limpio que o destruya nuestros pulmones, la calidad del aire y el medio ambiente.

Ese conjunto de medidas logrará que Bogotá no solo cumpla los objetivos de desarrollo sostenible relacionados con calidad de aire, medio ambiente y movilidad sostenible, sino que además se consolide como un ejemplo global de movilidad alternativa en bici.

Lograr todo esto ni es ciencia ficción ni es física nuclear, ni siquiera es un problema de plata sino fundamentalmente un desafío de acuerdo ciudadano, que es posible si en vez de atascarnos en peleas para parar y deshacer, nos proponemos corregir, mejorar y avanzar. Aunque este fue uno de los temas más polarizantes en el pasado debate electoral, las mayorías ciudadanas que se expresaron en varias candidaturas no sólo la nuestra, fueron contundentes: tenemos que avanzar en vez de desandar, y así lo vamos a hacer.

El tiempo que le quitemos al trancón pasará a ser tiempo para al disfrute con la familia, la creatividad y la productividad. Necesitamos promover más empresa, más formalización, más emprendimiento y más empleo. Vamos a apostar por la doble inclusión: social y productiva. Los avances de Bogotá en materia de desarrollo económico y social son muy positivos. Hace 20 años el 31,7% de los habitantes de la ciudad eran pobres y el 7,1%, pobres extremos, hoy estas cifras bajaron a 12,4% y 2,5%. Para seguir mejorando vamos a apostar por aumentar la inclusión productiva para que la gente pueda mejorar sus ingresos con oportunidades de empleo y de emprendimiento, tener movilidad social y autonomía económica.

Por último, nuestra quinta gran meta, también inspirada en el camino que marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es unirnos, aliarnos, para hacer de Bogotá y su región el mejor hogar de los colombianos. Sin dejar a nadie atrás, construiremos este sueño conjuntamente con la ciudadanía, los servidores públicos, las organizaciones sociales y comunitarias, los empresarios y emprendedores, los formadores de opinión, la región, la nación y la cooperación internacional. Una alianza genuina y democrática reconoce a los actores, ayuda a empoderar a los débiles, a controlar a los poderosos y a encontrar el bien común con diálogo y solidaridad.

Nuestra respuesta a la política tradicional es darle voz a la ciudadanía para que vote y priorice la inversión de sus impuestos a través de presupuestos participativos. Aplicaremos los mandatos de la Consulta Anticorrupción que votamos casi 12 millones de colombianos. Publicaremos las declaraciones de renta y de conflictos de intereses de todos los altos funcionarios, que serán elegidos por meritocracia, por su capacidad de trabajo, por su hoja de vida y por su capacidad de servir y escuchar a los ciudadanos. 

Bogotá necesita un gobierno que escuche y encuentre soluciones de común acuerdo con los ciudadanos. Llegamos a construir con nuestro vecinos y conciudadanos la Región Metropolitana de la Sabana de Bogotá que necesitamos.

La asociatividad de Bogotá con los municipios vecinos no da más espera: la preservación del mayor sistema de páramos del mundo, la garantía de abastecimiento de agua, la seguridad alimentaria, la eficiencia del sistema de movilidad y la seguridad del territorio, son prioritarios para el bienestar de los más de 9 millones de habitantes en la región metropolitana y casi 11 en la región central. Incluiremos en los modelos de compras institucionales de la alcaldía a la agricultura campesina, familiar y la pequeña producción rural como un medio para mejorar las capacidades productivas y de generación de ingresos con nuestra región metropolitana y central.

Además de un gobierno dialogante y transparente los ciudadanos necesitan un gobierno inteligente, que evalúe el impacto económico y social de los grandes proyectos de ciudad para priorizar intervenciones y desarrollar mejores políticas públicas basadas en evidencia. La buena gerencia, el manejo transparente del presupuesto, así como el fortalecimiento fiscal y equitativo de la ciudad hacen parte de nuestro ADN.

Permítanme terminar con una reflexión personal y un aprendizaje de toda nuestra coalición en la campaña que nos trajo hasta aquí. Durante los últimos meses aprendimos muchas cosas, pero sobre todo yo aprendí una lección crucial para el resto de mi vida. En el momento más difícil de la campaña aprendí a parar, a escuchar, a aceptar con humildad mis equivocaciones, y a corregir el rumbo cuando se hizo necesario. Aprendí a enfocar mi fuerza de manera firme pero serena, y mi trabajo colectivo de una manera mucho más empática. Prometo mantener ese rumbo, y escuchar, detenerme y corregir el rumbo las veces que sea necesario para que este camino que hoy emprendemos lo recorramos juntos, aunque en muchas cosas pensemos diferente. Tenemos que aprender a sentir empatía y construir confianza. Confianza en nosotros mismos, en nuestra capacidad de cambiar para bien propio y colectivo. Confianza en que a los otros, a pesar de las diferencias, los anima la misma buena fe y constructivos propósitos.

Como la única manera de liderar en la vida es liderar con el ejemplo, he cambiado en lo personal, y hemos cambiado y mejorado en lo colectivo dentro de nuestra coalición. Y para empezar hoy con una muestra más de que este cambio no es casuístico sino un propósito de vida y acción colectiva, por iniciativa de nuestra maravillosa bancada Verde, esta tarde le propondremos con todo respeto, pero con mucha convicción a todos los concejales de nuestra ciudad que escojan a Carlos Fernando Galán como el Presidente de esa corporación en este primer año, cediendo esa dignidad que por su votación y mayorías le correspondería a la bancada Verde.

¿Competimos con Carlos Fernando y Bogotá para la Gente? ¿Si, tenemos diferencias? Si. ¿Pero es mucho más lo que nos une, que lo que nos separa, en los principios y en los propósitos? Sin duda. ¿Podemos entonces en medio de las diferencias confiar el uno en el otro? ¡Por supuesto! De eso se trata construir empatía y confianza, así se hace, así se ejerce la cultura ciudadana con la que queremos inspirar a millones más de nuestros ciudadanos. Aprendamos a reconocer lo mucho que nos une, aprendamos a valorar y respetarnos en la diferencia, a construir empatía y confianza en vez de pugnacidad y desconfianza constante.

Donde quiera que esté espero que este gesto mutuo entre el Verde y Bogotá para la Gente honre la memoria de Guillermo Perry, que sé que nos propuso y conversó varias veces, tanto a Carlos Fernando como a mí, que más allá de la legítima competencia reconociéramos que somos parte de una misma generación, que nos animan sueños comunes y que nosotros mismos y nuestra sociedad entera se beneficiaría mucho más de nuestra empática acción colectiva, que de nuestra legítima competencia pasajera.

Solo con empatía y confianza es posible la enorme acción colectiva que requiere lograr la reconciliación, inclusión, y desarrollo sostenible que nos hemos propuesto sembrar en nuestra alma, y en el de nuestra ciudad y nuestro país, de una vez por todas y para siempre. 

¡Así ganamos, y así empezamos, liderando con el ejemplo!

Bogotá, muchas gracias por confiarme su presente y su futuro.  Prometo honrar esa confianza y dar todo de mi para que nuestra Bogotá sea en los próximos 4 años una ciudad y región más cuidadora, incluyente y sostenible. Para que juntos celebremos en el año 2030 logramos ser la generación que recibe la admiración local y global por haber sellado en el transcurso de una década nuestro nuevo contrato social intergeneracional por la reconciliación y que logramos cumplir los objetivos de desarrollo sostenible. Y para que desde hoy sepamos y construyamos este nuevo relato de Nación, de que, gracias a esa tenacidad, acción colectiva, confianza y empatía, las actuales generaciones, vimos nacer, crecer y empoderarse a la generación del medio milenio, que en el 2038 estuvo al fin desprendida de las tragedias y viejos debates del pasado del siglo XX y estuvo en cambio llena de vida, capacidades y oportunidades para poner a toda Colombia como referente global en el siglo XXI. ¡De esa magnitud es lo que juntos vamos a construir! Nos demoramos un poco, pero al fin llegamos. ¡Bienvenidos al siglo XXI!

Discurso de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López

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